¿SE LOGRARÁN LOS OBJETIVOS DEL  MILENIO?

Cecilia López Montaño
Madrid, Julio 6 de 2007

 

No se puede desconocer que la Cumbre del Milenio, convocada por Naciones Unidas a principios de este siglo, marcó un cambio fundamental en el debate del desarrollo en el mundo. Hasta ese momento los planteamientos y las recetas para crecer estuvieron dominados por el Banco Mundial, por el Fondo Monetario Internacional y por los bancos regionales, el BID en el caso de América Latina. Una visión eminentemente economicista, en la cuales los equilibrios macroeconómicos dominaban el escenario y se suponía que si se alcanzaban, todo lo demás, entre otras el desarrollo humano, vendría por añadidura. Coincidente con las profundas frustraciones que dejaron estas recetas, Naciones Unidas le da un toque humano al desarrollo y plantea las llamadas, Metas del Milenio. Este reconocimiento debe darse independientemente de todas las críticas, algunas justas, que se han formulado al haber dejado por fuera muchos problemas como la desigualdad, el empleo, los derechos humanos y los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres.

Colombia le prestó poca atención a este compromiso firmado por gran parte de los primeros mandatarios del mundo. Pasaron cinco años, sin que se hablara realmente del tema. Finalmente el Gobierno, recientemente, cayó en cuenta de su responsabilidad y procedió a actuar, a realizar mediciones. Se tiene en este momento una primera visión de cómo va el país. Como es bien sabido son ocho las famosas metas: Erradicar la Pobreza Extrema y el Hambre; Lograr la Educación Básica Universal; Promover la igualdad entre los géneros y la autonomía de la mujer; Reducir la Mortalidad Infantil; Mejorar la Salud Materna; Combatir el VIH/Sida, la malaria y el dengue; Garantizar la Sostenibilidad Ambiental y Fomentar una Alianza mundial para el Desarrollo.

La primera evaluación en el país concluye que en Colombia la pobreza continua siendo un problema que afecta a cerca del 50% de la población, o sea, su reducción a la mitad en el 2015, está lejos de lograrse. No hay un compromiso real de disminuir al menos la pobreza extrema. Solo recientemente se han formulado políticas focalizadas en grupos vulnerables como Familias en Acción, que sin embargo alivian pero no gradúan pobres. Sin embargo, está  cerca de alcanzar los objetivos en educación básica primaria, pero quedan los problemas fundamentales por resolver, la calidad y en particular la atención preescolar que está en pañales. En otras palabras, Colombia no ha logrado que la educación rompa el círculo perverso de la pobreza. Solo los pequeños de sectores de ingresos altos empiezan su educación a los tres años y sigue la educación pobre para los pobres. Con respecto a la equidad de género, no obstante todos los avances logrados, la mujer colombiana está lejos de alcanzarla y la violencia, su baja participación política y su injusta inserción económica, constituyen problemas por resolver. Entre 1980 y 2000, la mortalidad en menores de cinco años se redujo a más de la mitad. Pero no obstante la ampliación de la atención en salud, la mortalidad materna que es inexplicablemente elevada, no muestra avances significativos. Los resultados en VIH-SIDA son preocupantes y algo similar puede decirse sobre la incidencia de la malaria y el dengue. La meta de la sostenibilidad ambiental es una de las más complejas por el debilitamiento de la política ambiental del país en los últimos años. Ni siquiera se ha podido hacer una verdadera evaluación. Y finalmente la octava, la alianza mundial para el desarrollo, no parece en la agenda nacional.

No obstante la recuperación de la economía en los últimos años, la situación de las Metas del Milenio en Colombia, refleja claramente la poca prioridad que estos temas tienen realmente en el Gobierno. La verdadera discusión debe darse no con los promedios anotados sino con las diferencias por región. Ese análisis permite concluir que solo algunas regiones podrán responder a las demandas de las Naciones Unidas y muchas otras presentarán rezagos considerables. La equidad, con cualquiera de los indicadores que se mida, sigue siendo la tarea pendiente en Colombia y la mejor expresión de esta falencia es la profunda desigualdad regional en la evolución de estos indicadores. Entre Bogotá y Quibdó hay un mundo de diferencia.  

 


Cecilia López Montaño © 1999 - 2013 - Derechos Reservados

Prensa
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