LA SÉPTIMA PAPELETA

Cecilia López Montaño
Bogotá, Abril 8 de 2005

 

Se celebran actualmente los quince años de la Séptima Papeleta, la más exitosa expresión de rechazo a la violencia, hecha por la juventud colombiana en la historia reciente del país. El asesinato de Luis Carlos Galán fue la gota que llenó la copa de millones de estudiantes universitarios que expresaron su rechazo a la situación del país y abogaron por una Asamblea Nacional Constituyente que permitiera una nueva Constitución. La gran esperanza era que la vida nacional diera un viraje hacia la tolerancia, la convivencia, el progreso y la paz.

El foro que acaba de realizarse para esta celebración, evaluó las implicaciones que la Constitución ha tenido en estos 15 años en diferentes aspectos de la vida nacional: la paz, la economía, la gobernabilidad, entre otros. Se justifica plenamente esta evaluación por muchas razones. En primer lugar, simultáneamente con el cambio de constitución se dio un profundo viraje en el modelo económico, el país se movió a la apertura económica, de manera acelerada y durante la última década se han aplicado las recetas del Consenso de Washington, algunos de cuyos principios se incluyeron en la Constitución del 91. En segundo lugar, la Constitución cambió la institucionalidad del país de manera definitiva en varios campos entre ellos el de la justicia. En tercer lugar, sin duda Colombia no es el mismo país después de 15 años pero los problemas fundamentales persisten: bajo crecimiento económico, profundas desigualdades sociales y la permanencia o posible recrudecimiento del conflicto armado.

Varios elementos deben destacarse del foro mencionado. Existe en el país el convencimiento de que la Constitución ha sido positiva aún en el campo económico en el que se asocia con la crisis fiscal, dada la gran cantidad de derechos que promueve la Constitución y la limitación de los recursos públicos. El problema económico no se desprende del hecho de que el país sea un Estado Social de derecho, sino de la falta de reconocimiento de que este compromiso implicaba un respaldo de recursos públicos que implicaban una serie de reformas que no se han hecho. Se insistió mucho en la bondad de la nueva forma como la justicia funciona a raíz de los cambios institucionales y aún aquellos que no aprobaron la forma como se implantó la séptima papeleta, hoy reconocen la bondad de la Constitución.

En general, los ya no muy jóvenes líderes del movimiento, así como los panelistas invitados, se concentraron en general más en la defensa de la Constitución del 91 que en una evaluación sobre su impacto en la situación nacional. La razón es obvia, se ciernen amenazas que provienen del mismo gobierno que ha mostrado su intención de desmontar aspectos fundamentales de la Carta como la acción de tutela, considerada como un gran avance para los sectores sin poder que la utilizan para defender los derechos que le ofrece la Constitución.

Queda pendiente un debate que no se ha hecho: las consecuencias de aislar lo económico de lo político, característica de este período, que no ha traído ninguno de los resultados esperados: la gran modernización de una Colombia en paz. Los mayores cambios para lograr este propósito deben venir probablemente más del modelo económico que de la Constitución y en esta dirección parece que se movería el país. Lo obvio, dada la función de bienestar explícita en la Constitución del 91, es ofrecer los mecanismos institucionales y los recursos públicos y privados suficientes para responder a las demandas de un estado de Derecho.

Solo queda una gran pregunta: ¿No se sienten frustrados los promotores de la séptima papeleta al ver lo que el país es hoy en día?

 


Cecilia López Montaño © 1999 - 2013 - Derechos Reservados

Nacional
2o. Trimestre del 2005

 
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