GÉNERO Y POLÍTICAS PÚBLICAS

Cecilia López Montaño
Washington, Enero 2 del 2004

 

Tres son los niveles que deben considerarse en el tema de Género y Políticas. En primer lugar, la realidad, lo que está sucediendo en términos de acciones y reacciones diferentes de mujeres y hombres en los nuevos escenarios económicos. En segundo lugar, el desarrollo teórico de estos hechos; estas nuevas realidades deberían nutrir el análisis académico y la investigación empírica en búsqueda del posicionamiento de este concepto en el debate sobre el desarrollo económico; y, en tercer lugar, el contenido de las políticas del Estado que deben ajustarse a esta nueva manera de mirar los fenómenos económicos y sociales.

Con respecto al primer nivel, es evidente que la visibilidad que la mujer ha adquirido durante los últimos 50 años, su inserción masiva en la actividad productiva remunerada, el reconocimiento sobre su rol en la economía del cuidado y la mayor valoración del mismo, la revolución demográfica que ha generado, así como su esfuerzo educativo, se constituyen en factores que necesariamente han cambiado las relaciones de género. La mujer es hoy un actor activo del desarrollo que en áreas como el trabajo remunerado, empieza inclusive a desplazar al hombre. Así como sus contribuciones han cambiado también sus demandas son otras y es allí donde se deben esperar los grandes cambios tanto en el debate sobre este nuevo componente del desarrollo actual como en las respuestas que el Estado y la sociedad misma deban ofrece.

Esta avasalladora realidad terminará por posicionarse de manera definitiva en las nuevas concepciones del desarrollo. Las mujeres han dejado de ser sectores marginales e ignorar estos hechos es dejar de interpretar una realidad. Este proceso de reconocimiento de la importancia del análisis de género en la investigación económica avanza lentamente pero avanza, gracias al aporte de las economistas feministas principalmente pero también de las no feministas y a la contribución de hombres con visiones menos limitadas de la economía. Sin embargo, el reconocimiento de la importancia teórica del género en los análisis sobre el desarrollo, se enfrenta aún a grandes barreras porque siguen predominando modelos mentales que subestiman su importancia y se quedan aferrados a esquemas de familia, de sociedad y de organización productiva que pertenecen al pasado.

Por esta razón es fundamental que los análisis de género ganen legitimidad y para esto es necesario que su inserción en la teoría del desarrollo se valga de todos los instrumentos disponibles que se consideran como generadores de conocimiento. De los estudios empíricos para identificar las diferencias de género en el comportamiento de variables macroeconómicas claves, debe avanzarse hacia la utilización de modelos que han permitido a los economistas influir en las decisiones de políticas. Modelos de equilibrio general con dimensión de género, que ya empiezan a elaborarse en el Asia y en el África, son instrumentos analíticos que permitirán avances significativos en el reconocimiento de esta categoría como fundamental para entender las nuevas dimensiones del desarrollo mundial. Los modelos pueden ser muy útiles porque obligan a precisiones teóricas, clarifican la dirección y magnitud de interacciones claves, promueve la comunicación con las corrientes actuales de la economía, e informan al proceso de diseño de políticas públicas. Es decir, los modelos tienen una gran fuerza política que el reconocimiento del género como categoría de análisis, necesita.

Si en el área conceptual se enfrentan barreras, estas son más explícitas en las políticas públicas que es donde debe aterrizar la teoría para acercarse a la realidad. El llamado sesgo masculino, como lo denomina Diane Elson, sigue predominando e impregna a las instituciones y aún a los mercados que cambian más lentamente que la realidad. Por sesgo masculino se entiende aquel que opera a favor de los hombres como género contra las mujeres como género. Se trata de una asimetría mal fundada o injustificada. El problema del sesgo masculino se traduce en estrategias de los gobiernos que terminan frenando a las mujeres y les impide adquirir aquellas características que son bien remuneradas en los mercados y limita a los científicos sociales para que entiendan las limitaciones de las nociones de dotación de hombres y mujeres de aptitudes y talentos.

Amartya Sen es uno de los economistas que más reconocen este sesgo masculino e insisten en la necesidad de que las mujeres superen el tema de la búsqueda de su bienestar y empiecen a trabajar en lo que él denomina su "agencia". Refiriéndose a las mujeres indias afirma que ellas sumergen sus preferencias detrás de los hombres e hijos. Según sus palabras, las mujeres deben empezar a reconocerse como agentes activos de cambios, como promotoras dinámicas de transformaciones sociales que puedan alterar tanto la vida de las mujeres como la de los hombres. Como el sesgo masculino se expresa claramente en las políticas públicas, se convierte en barrera para alcanzar los objetivos del desarrollo.

A pesar de que teóricamente se ha pasado de la concepción de mujer y desarrollo a la del género, en la práctica muchas de las políticas públicas se siguen dirigiendo exclusivamente a sectores de mujeres, desde el área social, con el peligro de que se identifiquen a las mujeres como problema y no, a sus problemas, como objetivos del desarrollo. Predominan en las estrategias públicas visiones aisladas, asistenciales, con pocos recursos y separadas de la política económica en todas sus dimensiones. Es fundamental promover cambios trascendentales en la forma como se diseñan, promueven y se desarrollan estas estrategias que lejos de integrar a la mujer a las políticas macro, la limitan a subsectores en general desfinanciados y con poco impacto económico social y político.

 


Cecilia López Montaño © 1999 - 2013 - Derechos Reservados

Articulos en Liderazgo
1er. Trimestre del 2004

 
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